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Relato de abril ~ La última constante


LA ÚLTIMA CONSTANTE

El golpeteo y los arañazos sacudían la puerta sobre la que apoyaba la espalda. Aprovechó el descanso para recuperar el aliento, sacar el móvil del bolsillo y comprobar, entre las grietas con forma de telaraña que cubrían una gran parte de la pantalla, si estaba siguiendo la ruta correcta para llegar a su destino. Se había llevado un buen susto y había tenido que correr sin tener muy claro hacia dónde lo hacía, pero no se había apartado demasiado de la ruta.

Antes de que el ruido producido por los zombies que habían conseguido seguirle atrajese a más, cogió la mochila que había dejado en el suelo y atravesó la habitación hasta una ventana. Al otro lado el callejón parecía tranquilo, así que le echó un último vistazo a la sala para comprobar que no se dejaba nada importante antes de sentarse en el alfeizar. Previo al Gran Desastre aquel local debía haber funcionado como una clínica veterinaria, pero tras múltiples saqueos lo único que quedaba de sus días de gloria era un microscopio en mal estado, inútil incluso para usarlo como arma improvisada.

El móvil vibró en su bolsillo y la pantalla se iluminó, devolviéndolo a la realidad. El mensaje era muy corto, un simple «ya he llegado, donde estas?» acompañado de un emoticono que su móvil no consiguió interpretar. Tampoco le extrañaba, porque llevaba casi ocho años sin poder instalar ninguna de las actualizaciones, así que se imaginó que era una carita sonriente y le contestó «ya casi estoy». Después de enviarlo se quedó mirando la pantalla durante unos segundos, añadió «tengo ganas de verte» y lo mandó antes de tener tiempo de arrepentirse. Se descolgó de la ventana hasta el suelo, evitando hacer ruido, y echó a caminar de nuevo.

Era invierno y, aunque en las últimas semanas no había vuelto a nevar, por la noche la temperatura era lo suficientemente baja como para aletargar a los zombies y darle una sensación de calma y seguridad mientras atravesaba la ciudad. Aunque se había puesto en marcha a primera hora de la mañana, el sol ya despuntaba por encima de los edificios, haciendo resplandecer las pocas ventanas que aún conservaban intactos los cristales. Los siguientes minutos transcurrieron sin contratiempos, pero a pocas manzanas del punto de reunión que habían acordado, el ruido de unos motores lo sobresaltó. Avanzó extremando precauciones y se asomó por la esquina del edificio.

A unos metros, dos figuras montadas en una motocicleta, con las cabezas cubiertas por cascos y unas chupas de cuero a las que habían añadido piezas metálicas para hacerlas más amenazantes, hablaban con un hombre que no intentaba ocultar su nerviosismo. A esta distancia no podía oír la conversación, pero no había que ser un hacha para saber que los motoristas no iban con buenas intenciones. Aunque aún no se había desenfundado ningún arma, el pasajero llevaba un arco en la espalda y seguro que no era la única que llevaban encima. De vez en cuando el conductor apretaba el acelerador, haciendo que la moto rugiese y que el otro hombre mirase angustiado a su alrededor, asustado ante la idea de todos los zombies que podían estar siendo atraídos hacia aquel lugar.

No había pensado que su primera cita con Marcos38 iba a transcurrir así, pero desde luego aquella situación sería más que suficiente para romper el hielo si conseguían salir de allí ilesos. Aún escondido tras el edificio, sopesó sus opciones y acabó decantándose por la poca original pedrada para llamar la atención y rezó por que fuese suficiente. Cogió una piedra y la lanzó lo más lejos que pudo de su posición, pero ni los motoristas ni Marcos38 reaccionaron, así que después de repetir el lanzamiento otras tres veces la cuarta piedra fue directa al casco del conductor. Esta vez las tres personas respondieron, y mientras los de la moto miraban a su alrededor, Marcos38 aprovechó la oportunidad para echar a correr hacia su salvador, que le hacía señas desde la boca de la calle.

Tenían muy poca ventaja sobre sus perseguidores, así que tras un breve intercambio de nombres, Marcos y Luis salieron disparados. La moto era una buena herramienta de intimidación, pero con los parches de hielo que cubrían el suelo en ciertas zonas y los contenedores volcados y otros restos de peleas callejeras, tampoco daba una ventaja abrumadora sobre los dos hombres que corrían delante de ellos. Varias flechas surcaron el aire, pero tras una carrera de obstáculos llena de quiebros, giros cerrados y adentrarse por callejones, la pareja consiguió dar esquinazo a sus perseguidores y meterse en un local sin ninguna herida.

No habían tenido tiempo de asegurarse de que el sitio estuviese vacío, así que no se adentraron más en la habitación, sino que se alejaron unos metros de la ventana y se sentaron con la espalda pegada a la pared. Los dos aún jadeantes, con su respiración formando nubes de vapor mientras, aguzaban el oído en busca de la más mínima señal que delatase que habían sido descubiertos. La ciudad permanecía en silencio, así que el sonido del motor se oía alto y claro, pero no se acercaba a ellos. Luis sintió una mano sobre la suya, y al girarse vio que Marcos estaba cerca, muy cerca, mirándolo con ojos anhelantes. Con el corazón todavía latiéndole en los oídos, Luis se inclinó hacia delante para acortar la distancia entre sus labios.

El primer beso fue tímido. Luis tenía la cara entumecida por el frío, aun así la suavidad de la barba de Marcos le sorprendió gratamente, y cuando se alejó un poco para tomar aire las manos del otro se enredaron en su pelo para atraerlo de nuevo y atraparlo en un beso mucho más tórrido. Por un instante los peligros de aquel mundo dejaron de importarle, olvidándose de posibles bandas de motoristas armados o de los zombies que podían estar acechando tras alguna de las puertas de la habitación. El momento se rompió cuando Luis sintió a Marcos coger una de sus manos y la dejarla sobre su entrepierna.

     —Para, para un momento. ¿Qué estás haciendo? —preguntó Luis, apartando la mano inmediatamente y provocando que Marcos dejase de besarle el cuello y lo mirase con extrañeza.

     —¿Tú qué crees que hago? Compensarle las molestias a mi salvador.

Tras esa frase, Marcos volvió a acercar la boca al cuello de Luis, cogiendo su mano nuevamente para volver a colocarla sobre sus pantalones. Esta vez Luis reaccionó a tiempo, deshaciéndose del agarre del otro y empujándole de los hombros para que se apartase de él. Marcos retrocedió un poco, con una expresión que dejaba entrever confusión, pero sobre todo molestia.

     —Mira, si vas a poner pegas solo para parecer más interesante puedes ahorrártelo, porque tal como están las cosas no tengo tiempo para perder en tonterías. —El barbudo se puso de pie apoyándose en la pared y comenzó a desabrocharse el conjunto de cuerdas y hebillas que mantenían atado su pantalón.

Luis también se levantó, colgándose su mochila del hombro y se alejó unos pasos del hombre que trabajaba afanosamente en su propio cinturón.

     —Oye, no sé si no leíste mi perfil o si te has equivocado de persona, pero en la biografía decía claramente que soy ace. Así que no sé lo que pretendes, pero no estoy interesado.— Luis no tenía miedo, ya que los dos eran de constitución similar y le sacaba casi una cabeza a Marcos, pero no sabía si el otro iba armado y en todo caso era mejor intentar evitar confrontaciones. Estaba preparado para huir corriendo de nuevo si era necesario.

     —Ya lo sé, a mí tampoco me gusta el sexo con tíos— El cinturón cedió y el pantalón le bajó hasta la altura de las rodillas, dejando a la vista unos calzoncillos con remiendos. Claramente se preocupaba por su estética—. No es que sea gay, solo me gusta que me la chupen.


Luis no dijo nada, simplemente caminó hacia la ventana, comprobó que la calle estuviese vacía y emprendió el camino de vuelta a su asentamiento. El sol ya estaba alto y los rayos le calentaban el rostro de forma placentera. Mientras salía de la ciudad, dejando atrás a los zombies que habían sido perezosamente atraídos por el sonido de la motocicleta, no pudo evitar sonreír ante el pensamiento de que, por mucho que el mundo parecía haber cambiado, algunas cosas siempre permanecerían igual.


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¡Gracias por haber llegado hasta el final! Si os ha gustado el relato, estáis de suerte porque a lo largo del año vendrán más, y si no os ha gustado... pues mira, se siente.

Este relato pertenece al OrigiReto2019, un reto de escritura creado por las origijefas Stiby y Katty. El relato cumple el objetivo nº2 (crea un relato en el que aparezcan zombis) y contiene los objetos ocultos nº22 (microscopio) y nº13 (mensaje instantáneo). Longitud: 1397 palabricas.

Espero veros por aquí de nuevo :)
Marve


Comentarios

  1. Pues te habría servido perfectamente para la cita desastrosa xD genial relato, temática zombi cumpliendo el objetivo, muy bien los objetos ocultos y uno extra que es el personaje ace, aunque te ganas la medalla interesante ;3 Solo comento una cosilla, que los diálogos te han quedado con sangría, no se si fue a posta o por algo del formato. Pero a parte de eso, muy bien situado, me ha dado frío tan metida en el relato que estaba xD. Genial enhorabuena ^^

    .KATTY.
    @MusaJue

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